METODOLOGÍA PEDAGÓGICA

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José Dámaso Ramos Bosmediano[1]

 

La metodología pedagógica o de la enseñanza-aprendizaje es, para nosotros, una rama de la Pedagogía, aun cuando hay corrientes y autores que le dan un estatuto disciplinar propio. No es el caso ser específicos en definiciones ni en los principios de la metodología pedagógica, que tiene en la psicología y en la lógica de la investigación sus elementos auxiliares más importantes. Nos cabe, más bien, definir los elementos fundamentales para conducir, en las aulas, el proceso enseñanza-aprendizaje.

 

La concepción socio-histórico cultural como orientadora del proceso enseñanza-aprendizaje

Sin ignorar ni dejar de tener en cuenta otras concepciones sobre la didáctica, que han sido difundidas ampliamente en nuestro país durante todo el siglo XX, aplicadas también en las escuelas y centros de enseñanza superior, la concepción más válida para dar paso a una nueva educación es la denominada “socio-histórica cultural”, creación del psicólogo neurocientífico ruso Lev S. Vygotsky.

Sin soslayar la necesidad de una exposición más completa de la teoría socio-histórico cultural del aprendizaje, que los maestros debieran de estudiar, ofrecemos un sumario resumen de ella para demostrar su importancia, pertinencia y marcada superioridad frente a otras corrientes didácticas.

Hay que decir, de antemano, que una didáctica determinada y sus procedimientos metodológicos no están desligados de la visión que el educador o el investigador en educción tienen sobre el mundo, la vida y el hombre, vale decir, de una visión filosófica determinada que orienta la formulación de los principios educativos y pedagógicos, los fines y los objetivos, las políticas y las prioridades. Explícita o implícitamente, la visión filosófica o “visión del mundo” está presente en todo proceso educativo, formal o no formal.

En la teoría de Vygotsky es importante el reconocimiento de que la actividad mental es lo que distingue al hombre como ser humano. En esta actividad mental el aprendizaje es el producto de la experiencia socio-cultural a través de mediaciones antes y durante la vida escolar del niño y en el resto de su existencia. Las mediaciones son tanto materiales como simbólicas, siendo el lenguaje la más alta mediación simbólica y psicológica. Además del lenguaje, existen variadas mediaciones simbólicas y psicológicas, como contar, leer mapas, diagramas, esquemas, tecnologías, y otras formas de representación de la realidad a través de los símbolos.

La actividad mental no es, para Vygotsky, una actividad universal, que se produce de la misma manera en todos los individuos. Se caracteriza por su marcado dinamismo, su cambio permanente, cambio que se produce según las formas de mediación y la realidad socio-cultural en que se produce la experiencia, de tal manera que ésta cambia en cuanto cambian las relaciones sociales, el modo de producción y la estructura social que, como se sabe, no son estáticas. Por tanto, si se producen cambios de tipo socio-cultural, no hay duda que la actividad mental de los individuos tiene que experimentar variaciones. Desde esta visión, la teoría vygotskyana es considerada como concepción sociogenética, a diferencia de la concepción de Piaget que es biogenética. Por supuesto que los factores biológicos desempeñan un papel importante en la vida mental de las personas, pero ese peso específico no es absoluto, como lo considera Piaget cuando investiga la evolución del desarrollo mental del niño.

Partiendo del factor de la mediación en la formación de la personalidad de los niños, Vygotsky distingue la doble formación en el individuo. La primera, fase producida por la mediación e influencia de las personas que rodean al niño, desde los adultos de la familia hasta los maestros en la escuela, con los cuales se producen relaciones interpersonales o interpsicológicas, a través de las cuales los niños adquieren experiencias de aprendizaje. La segunda es la fase en la que el niño internaliza, hace suyos los aprendizajes de la primera fase, incluyendo lo que la sociedad ofrece al niño, en un proceso intrapersonal o intrapsicológico, lo que significa que el niño hace suyas las experiencias aprendidas. Este proceso significa que las experiencias del aprendizaje se dan entre seres humanos y precede al desarrollo mental del individuo.

Los otros elementos de la teoría de Vygotsky son los conceptos de zona o nivel de desarrollo real, zona de desarrollo potencial y zona de desarrollo próximo. Cuando el niño llega a la escuela o cuando, estando en ella, el profesor presenta el tema de estudio, no se encuentra vacío o “en blanco”, sino que lleva un conjunto de experiencias, ideas, conocimientos internalizados previamente y todo lo que el niño es capaz de aprender: es la zona de desarrollo potencial desde la cual parte el niño para continuar con otras experiencias. El segundo nivel es el que el niño logra alcanzar con  sus propias capacidades,  con  independencia     respecto a  los mediadores adultos: es la zona real, el desarrollo ya alcanzado. La zona próxima es la distancia que se da entre la zona potencial y la zona real, es decir, todo lo que la acción pedagógica puede hacer para que lo potencial se convierta en real. La internacionalización de las nuevas experiencias conformará la zona de desarrollo real, a donde el niño llega acompañado por la mediación del profesor o de un compañero de aula con conocimientos superiores a aquél. A la zona de desarrollo real el niño no llega a través de ejercicios mecánicos o repetitivos, aislados o atomizados, sino a través de actividades creativas, inquisitivas, intencionales, significativas o relevantes para el niño, situaciones que el profesor debe ser capaz de despertar, como un mediador eficaz y necesario, lo que no podría hacer una máquina, por más “inteligente” que sea.

 

El profesor es el mediador por excelencia, conductor del proceso de enseñanza-aprendizaje, no un simple “facilitador” como vienen planteando los constructivistas.

Como puede notarse, la teoría de Vygotsky no excluye los elementos positivos de otras teorías, como las investigaciones de Piaget sobre el desarrollo de la inteligencia del niño, o las teorías del aprendizaje significativo de Ausubel y Novak, por ejemplo, a condición de no ignorar el carácter socio-histórico cultural del proceso de aprendizaje, esa relación dialéctica entre la realidad socio-histórica cultural y la capacidad de aprendizaje del niño, fundamental y previo a la evolución mental del niño.

Debe colegirse, de lo resumido, que la teoría socio-histórico cultural nos ofrece las mejores posibilidades para desarrollar un proceso educativo integral en nuestra región, siempre y cuando los maestros asuman el dominio de la pedagogía científica, que incluye la metodología correspondiente.

SI quisiéramos un esquema de funcionamiento y aplicación del método socio-histórico cultural, podemos citar el elocuente y claro esquema que nos ofrece Guillermo Briones en su obra Teorías de las ciencias sociales y de la educación, epistemología (EditorialTrillas, 2a. Edición, México, D. R):

a) Se presenta al niño una tarea de cierta dificultad; b) El niño recibe orientación del profesor para resolverla; c) Cuando alcanza la tarea, se le ofrece otra de similar dificultad; d) El niño trata de resolverla de manera independiente o, de nuevo, con la ayuda del profesor. Pero es importante tener en cuenta, en este último paso que, según la teoría que estamos exponiendo, lo que el niño puede hacer con la ayuda de un adulto, puede hacerlo luego por sí solo (p. 155)

 

Didáctica Investigativa y desarrolladora

Es una metodología que integra en el aula información, conceptuación, Interpretación e investigación científica, sobre la base de la lógica que, del proceso del descubrimiento científico, puede ser trasladado a la enseñanza-aprendizaje, teniendo en cuenta ciertos principios en la asimilación y descubrimiento de conocimientos por los estudiantes.

La lógica del proceso empieza con la pregunta por el qué, siguiendo el cómo es, luego el por qué es así, inmediatamente se busca conocer si es verdad lo que se está afirmando, para proseguir con la pregunta para qué sirve lo que estamos conociendo, hasta llegar a una nueva pregunta de qué más hay, demostrando que el conocimiento es infinito y su investigación también.

La didáctica investigativa puede realizarse mejor desde una perspectiva socio-histórica cultural del aprendizaje que hemos resumido en el parágrafo precedente. En realidad, se corresponden, pues en el proceso de la clase con las fases señaladas, el estudiante tiene la posibilidad de internalizar las nuevas experiencias con la ayuda del profesor, hasta llegar a la zona de desarrollo real.

 

Metodología activa y sus formas

Se ha convertido en una especie de moda hablar constantemente de la “educación tradicional” para referirse, indistintamente, a la pedagogía aplicada en los países subdesarrollados, que no fue sino una servil imitación de la pedagogía moderna creada y desarrollada en los países avanzados. Esta crítica olvida que en estos países la educación de sus pueblos avanzó con esa  pedagogía  y  sus  métodos  porque  las  condiciones económicas y sociales  lo permitieron; y a medida en que esas condiciones iban cambiando, también fueron cambiando los enfoques pedagógicos y metodológicos, sin desestimar los grandes  aportes de la pedagogía “tradicional”.

La pedagogía moderna ha venido creando, durante el siglo XIX y XX, un conjunto de metodologías activas o didáctica activa, métodos que trataban de rescatar la parte dinámica del proceso enseñanza-aprendizaje, especialmente el papel activo del niño en ese proceso. Estas metodologías no pueden ser ignoradas y reemplazadas por un constructivismo que se basa en una concepción solipsista de la realidad, idealismo subjetivo que menosprecia la relación dialéctica de sujeto-objeto en el proceso del conocimiento, desde la práctica socio-histórico cultural hasta la internacionalización de las nuevas experiencias.

Los métodos activos deben ser revalorados y aplicados creadoramente, utilizando la nueva tecnología de la información y otras formas de presentación del material didáctico, subordinados al método socio-histórico cultural. Por lo demás, en la pedagogía moderna clásica, esa que despectivamente es denominada “tradicional”, encontramos los principales postulados de la pedagogía que en otros países ha dado resultados superiores.

 

El maestro como agente conductor y el alumno como centro del proceso

Frente a la desvalorización del maestro peruano y la tendencia neoliberal de concebirlo como el mero “facilitador” del proceso de enseñanza-aprendizaje, consideramos que su papel es mucho más relevante: es el conductor del proceso porque se ha preparado para orientar la enseñanza-aprendizaje en las aulas o en otros espacios adecuados según la naturaleza de los temas o las áreas del conocimiento. Su preparación especializada, su evidente superioridad sobre el estudiante en la posesión de conocimientos y experiencias, como adulto y profesor, le asignan ese papel de orientador, guía. Que una de sus tareas sea facilitar al estudiante la adquisición y comprensión de nuevos conocimientos y prácticas, no agota su papel, pues uno de los postulados más importantes de la pedagogía moderna clásica, obtenida de la pedagogía socrática y de la lógica de Descartes, es transitar de lo fácil a lo difícil, de lo simple a lo complejo, etc.; pero la labor del profesor avanza hacia la formación integral de los estudiantes, que comprende, en última instancia, la internalización de los valores para la formación de personalidades sólidas, críticas y capaces de seguir enriqueciendo sus conocimientos, incluyendo la crítica y el rechazo a los nefastos modelos de pensamiento y de conductas que la sociedad viene introduciendo en la mente de la niñez, la juventud y de los adultos. El aprendizaje de conceptos y técnicas operativas es sólo una parte de su formación.

El centro del proceso enseñanza-aprendizaje es el estudiante, niño, adolescente o joven. Todo esfuerzo externo al estudiante debe ser cuidadosamente desplegado, planificado, seleccionado. Es el centro del proceso porque, por un lado, tiene ese derecho; por otro, está en su etapa de formación, de adquisición de nuevos conocimientos y experiencias.

 

Currículo integral y diversificado

Lo integral del currículo no se mide por el número de materias, ni por la simple agrupación por áreas.

El número excesivo de materias o cursos tiende a dispersar la asimilación de los conocimientos y debilitar la integración de ellos, impidiendo la formación de una visión totalizadora de la realidad.

En el otro extremo, una agrupación antojadiza por áreas mutila el conocimiento de aspectos importantes de la realidad y de las ciencias, deviniendo en una enseñanza-aprendizaje superficial, como viene ocurriendo en el Perú con los currículos que desde 1995 se están aplicando como “nuevo enfoque”, una de cuyas versiones es el currículo vigente desde el 2009, en el cual, en el área de ciencias sociales, no encontramos aspectos importantes de la realidad social y humana. En las reformas anteriores, en cambio, se cometía el error de la ampulosidad de los contenidos curriculares.

Lo integral se define tanto por las necesidades de formación plena de la personalidad de los estudiantes, como por los conocimientos más relevantes para satisfacer esas necesidades. Sin estudiar suficientemente esta mutua correspondencia no es posible estructurar un contenido curricular pedagógicamente fundamentado.

Un currículo integral para la educación amazónica no puede prescindir de la historia y la geografía de esta región, en el contexto de la historia y geografía mundial y nacional, respectivamente. Mutilar estos tópicos constituye un crimen pedagógico. De igual manera debe procederse en el estudio de la biología, de la formación artística o estética, etc.

Sobre la diversificación curricular ya hemos expuesto los criterios fundamentales en el capítulo correspondiente a los principios de conducción pedagógica. Son válidos los postulados curriculares de lo integral, diversificado, flexible, secuencial, intercultural, principalmente.

 

Desarrollo secuencial y complementario de los contenidos curriculares

Desde la década de los 70 se ha venido imponiendo en las escuelas, bajo la orientación del Ministerio de Educación, por supuesto, la disgregación de las materias de enseñanza, al evaluar en cada bimestre o trimestre solamente lo “aprendido” en cada uno de esos periodos, sin tener en cuenta que un contenido curricular, biología por ejemplo, constituye una unidad, cuyo conocimiento de los elementos precedentes son imprescindibles para el avance hacia niveles más superiores. Se promueve así una mutilación del conocimiento específico de una materia de estudio, el “olvido” y el abandono de los conocimientos anteriores.

En el plano de las lecturas de libros y otros materiales, se disgrega también la unidad de los textos para promover el facilismo  de la lectura de “separatas” o determinados capítulos para comprender un tema o la teoría de un autor, o el contenido de una obra literaria. Este “método” se ha impuesto en la educación secundaria y hasta en la universidad, proporcionando una formación cognoscitiva muy superficial en los futuros ciudadanos y profesionales; pero también generando un rendimiento deficiente al concluir la educación básica o los estudios superiores, educación cognoscitiva por “pedazos” o partes, desintegrados de la totalidad.

Uno de los factores que ha conducido a esta situación  pero no la principal, es la pobreza bibliográfica de las escuelas y de las instituciones de educación superior, como lo comprueban, con honestidad, algunos académicos. Como no hay dinero para adquirir libros, por lo menos hay que leer una parte de ellos, que los alumnos expongan y con eso basta para vanagloriarse de cumplir con el postulado de la “participación activa” de los estudiantes.

Pero el procedimiento más nefasto aún es la asignación de la tarea de recurrir al internet para que el alumno se agencie de “material de estudio”, sin tener en cuenta que la abundancia de información en las redes virtuales no garantiza una escritura correcta ni un contenido científico de lo que allí se encuentra. Por su inexperiencia, especialmente en la educación básica, el estudiante puede recoger información tergiversada de la realidad, ideas simplistas que se encuentran con facilidad, como ocurre en el espacio virtual denominada Wikipedia, verdadera fuente de ideas antojadizas sobre las cosas y los conceptos. No estamos lejos del contencioso académico que se ha producido con dos estudiantes de la universidad católica, quienes han usado, precisamente, la Wikipedia para elaborar su trabajo, copiando, como mendigos cognoscitivos, lo que encontraron escrito. No es fácil ni frecuente advertir tales plagios virtuales.

Proponemos reestructurar los procedimientos de evaluación de los estudiantes desde una perspectiva secuencial de los conocimientos, de su complementariedad entre los anteriores y los posteriores, y la necesidad de crear una visión totalizadora u holística de la realidad natural, social y humana.

 

Evaluación permanente, integral y sistemática de los aprendizajes por los maestros

Se ha impuesto la evaluación externa del aprendizaje de los estudiantes, procedimiento que el neoliberalismo ha creado para clasificar a los alumnos en “buenos” y “malos”, trasladando esas descalificaciones a las escuelas y los maestros. Es la evaluación estandarizada que refleja la influencia de la economía competitiva y que solo mide conocimientos parciales (matemática, comunicación y ciencias naturales), de eficacia inmediata para el libre mercado. Todo lo demás, lo cívico, lo humano, lo social, no interesa para la competencia individualista. Consideran que quienes aprueban las evaluaciones PISA o las estandarizadas  promovidas por los gobiernos a través de entidades ajenas a las escuelas y a la propia administración de la educación pública, han logrado una “educación de calidad”. En América Latina ya son 30 años de aplicación de esta evaluación en un gran número de países, pero la “calidad” educativa sigue en picada, excepto en Cuba donde este tipo de evaluaciones no se ha aplicado en su sistema educativo, sin embargo, al aplicar  la evaluación PISA a los estudiantes cubanos, estos tuvieron el doble de los rendimientos que los estudiantes donde el neoliberalismo ya estaba envejeciendo.

Como puede notarse, con esta evaluación, por ser formulada y aplicada desde fuera de la escuela, se desvaloriza más la función del maestro, cuyo trabajo de  evaluación a los estudiantes pasa a un segundo plano, convirtiéndose casi en inservible. Pero por otro lado, el Estado distrae grandes recursos en la contratación de los servicios de privados o de universidades públicas, en lugar de invertir esos recursos en implementar mejor a las escuelas y mejorar la situación económica de los maestros.

Los mejores procedimientos de evaluación de los estudiantes son: la evaluación permanente, que se aplica en el propio desarrollo del proceso enseñanza-aprendizaje, complementado con evaluaciones parciales de trabajos y pruebas al finalizar cada período dentro del año lectivo; la evaluación integral, es decir, aquella que permite auscultar todas las capacidades de los estudiantes: cognoscitivas y formativas de la personalidad (actitudes valorativas y cívicas), mas no solamente conocimientos parciales; la evaluación sistemática, es decir organizadamente, vale decir, ordenando en el tiempo, valorando todos los factores y procedimientos de evaluación, de tal manera que se tengan en cuenta todos los factores posibles para comprobar el avance de los estudiantes y el domino de los conocimientos y actividades correspondientes, haciendo que desaparezca el factor de la incertidumbre que produce resultados irreales o subjetivos; la evaluación formativa, que conduzca a que los estudiantes autovaloren sus capacidades adquiridas, sus avances y también sus deficiencias, consoliden sus convicciones de seguir estudiando y mejorando su rendimiento, al margen de competencias individualistas y calificaciones de “buenos” y malos”, que tienden a la discriminación entre los estudiantes.

 

Iquitos, marzo de 2010.

[1] Capítulo VIII del Proyecto Educativo Regional (2010) del SUTEP LORETO. Págs. 45-54.

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